GOOD MORNING, CURRAMBA  por Freddy Melo Acosta


Al principio me costaba trabajo identificar la ciudad, a pesar que en
la mañana me levanté y desayuné con yuca al vapor y queso rayado
gratinado acompañando a la tasa de café con leche, como es tradicional
en esta tierra. Me puse unos tenis y la gloriosa camiseta roji-blanca
casi inmediatamente cuando salí del baño. Me comenzaba a vestir cuando
Sonia me llamó a desayunar. Recuerdo que cuando pasé por el cuarto
encendí el radio, igual que lo hacia todas las mañanas antes de salir
para UniNorte, para escuchar a Jairo Paba mamándole gallo a la gente
en el programa del amanecer. Pusieron la canción esa que dice que el
bocachico es astuto, como que sabe escribir... y yo recuerdo que esa
canción la ponían a las seis y cuarto de la mañana, antes de que
pasara el bus del colegio a recogernos. Aunque eso hace ya unos años,
por si acaso, me asomé a la ventana y entonces reconocí a
Barranquilla. 'Good Morning, Curramba', pensé.

Ahora estoy aquí pero me desconozco, me siento trasladado, excedido
por la alegría reinante. A mi alrededor todos parecen enloquecidos,
rodeados por esa atmósfera especial que tienen los gloriosos días,
embriagados de celebración y poseídos por la gloria. La multitud salta
al unísono, como en una improvisación organizada, como gobernados por
el mismo artificio de experto saltimbanqui, que logra hacer aparecer
las emociones que hacia muchisimo tiempo habíamos guardado para este
momento de delirio y jolgorio, de dicha y satisfacción, de fuerza
descomunal: de victoria plena.

Nadie quería perderse ni un solo segundo de ese momento, porque fue
por esto que tanto esperamos y fue por esto que tantos desplantes
aguantamos, Señor; porque estos momentos son escasos y porque se
acabó, por fin, el odiado ayuno, pero sobre todo porque ahora la dicha
es nuestra, Señor. Y es que tanto y tanto habíamos esperado, tanto y
tanto habíamos sufrido, y tanta dicha habíamos represado, que hoy se
ha cumplido el día que Tu nos has señalado, Señor. Porque Tu sabes que
este pueblo se lo merecía, Señor.

Estabamos de fiesta en medio del laborioso día del país, acudiendo
todos al llamado no oficial que sospechábamos como real: hoy es un día
cívico en esta tierra de caluroso clima y torrenciales lluvias, de
tantos amores e historias y tan pocas oportunidades de estallar de
júbilo por nuestro equipo amado. No recuerdo que día es hoy y tampoco
recuerdo si realmente lo supe, pero aunque no es fin de semana, de
igual manera me dejo llevar por todos estos amigos que todavía no
conozco y sigo los pasos de todos sin perderme.

Todos vestimos igual: de rojo y blanco a rayas verticales y con unos
pantalones cortos azules, como los que usan nuestros héroes, como los
que tantas y tantas veces soñé vestir en un día domingo con el sol
radiante en el estadio de la 72, con graderías llenas de alegría y
colorido y con el Negro Perea arengando a la Tribunas de Corea y
Vietnam, mientras el delirio caribe está en su esplendor...

Mi papá está feliz. Su cara denota la dicha que siente y ya está
festejando y gritando y hablando con todos como si a todos conociera.
Esta a un lado del carro que es verde integro hasta en su tapicería.
Ya comenzó a hablar mierda a cerca de cosas que asegura conocer o
haber vivido; esta radiante y habla en voz alta y agitada, pero con
voz clara y precisa para que todos lo escuchen: ya comenzó su cátedra
cuando apenas son las diez de la mañana.

Yo intento apartar la gente del Renault que dejamos parqueado a un
lado de la vía a menos de dos cuadras del aeropuerto. La gente se nos
sube sobre el capó, se recuestan a las puertas y se sientan sobre las
defensas. Las llantas de 'El Iguano' están a punto de estallar por
tanto peso, mientras adentro estamos Oncho, Junior y yo. Frente a
nosotros pasan en carros, pasan en motos, pasan en bicicletas y hasta
en patinetas. Un carro de bomberos con la sirena a todo volumen pasa
lentamente frente a nosotros llevando detrás, como escolta, a un
burro jalonando una carreta de dos ruedas con mas de una docena de
personas saltando en el platón que lleva. Aunque todos sienten la
tibieza de los cagajones de burro y el penetrante olor a pasto molido
y cocido a temperatura baja, nadie se distrae un segundo en atisbar la
sonrisa leve y malévola del animal que los puso a tragar peos!

Barranquilla era entonces una ciudad resumida en no más de diez
cuadras al rededor del aeropuerto. Su esplendoroso cielo azul sin
nubes había sido reemplazado por nubes blancas, demasiado bajas para
ser reales y a cuya creación todos espontáneamente acudíamos
lanzándonos puñados de la misma harina blanca que ya la mayoría
llevada untada en la cara, cabello y brazos. Era la Maizena. La
invitada por antonomasia a toda celebración barranquillera, la que
ahora prendía la fiesta y se encargaba de transformarnos a todos y
uniformarnos las caras y cabellos... El sol calentaba más y más y fue
entonces cuando descubrí que yo era el único que seguía custodiando el
inmenso sopor que había dentro de 'El Iguano', porque ya podía ver a
Oncho y a Junior afuera, confundidos con todos los cara pálida que ya
parecían muñecas japonesas en medio del bullicio caribe.

Me acerque y vi a mi papá rodeado por una multitud que junto con él
recordaba las historias del equipo. "Recuerdo, decía él, a Víctor
Ephanor, el brasileño que era medio gol cuando se tenían que cobrar
tiros libres directos. Recuerdo a Heleno Da Freitas, el 'loco del
machete' que persiguió con un 'mata ganado' al técnico del equipo
porque no lo iba a poner a jugar en un partido. Recuerdo al 'Boricua'
Zarate, un pata-brava insignia de nuestra bandera roji-blanca. Al
'Toto' Rubio y su seguridad en la zaga; al colchón que tenía en el
pecho Gabriel Verdugo. A Pedro Blanco, que no tiene nada que ver con
el venezolano virtuoso del arpa que todos conocemos, pero que le
pegaba unos violinazos a quien se acercara al área de las 18. Recuerdo
a Oscar Bolaño y su caminado de maricón, que no tenía nada que ver con
su fuerza y coraje a toda prueba. Recuerdo al 'Kiko' Barrios y sus
extensas piernas en unos piques ni los hijueputas. Recuerdo la cara
bonita del uruguayo Viera y sus poses narcisistas y también las
maquiavélicas jugadas del 'Patón' Bauza. Me acuerdo del 'Indio' Solari
peleando con el 'Negro' Perea después que eran uña y mugre y también
recuerdo las celebraciones a todo pulmón con Upper-Cut al aire de
Nelson Silva Pacheco. Es la historia de la gente y la gente en la
historia del Junior. Esa historia que yo si me sé porque yo si soy de
los que va al estadio. Yo si soy de los que vio al 'Guajiro' Iguarán
cuando se regalaba al Junior para que lo pusieran a jugar y cuando no
lo logró, se fue a triunfar a Millonarios. Yo no soy fanático orejero,
de los que escuchan los partidos y las críticas amañadas de los
comentaristas deportivos, yo si me fajé jugando partidos con el equipo
de la Polinal, cuando el equipo de la policía valía y pesaba en este
país. Y me daban patadas, pero igual las devolvía; como antes, como
varón, así que si me vas a dar mira bien lo que vas a hacer..."

De modo que esto no es de hoy, es lo de varias generaciones que han
sabido esperar, con ansias de domingo a domingo, con hambre de
victoria, con ganas de celebrar lo que hoy se le da a este pueblo que
si sabe hacerlo. Así que mis partidos desde las dos de la tarde hasta
las siete de la noche no son cosa nueva; así que las tardes malvas de
dedos retorcidos o rodillas sangrantes no es de ahora, es de siempre.

Ahora todas esas vainas son buenas anécdotas y recuerdos que todos
disfrutan, pero yo aún los tengo muy frescos y sé como suena la vara
de totumo cuando corta el aire para descansar es tus piernas para que
no andara todo el día en la calle, con las patas como golero viajero.
Ahora recuerdo el día en que arranque desde las 18 y le hice un
'dribling' a Moncho y a Chiqui y cuando iba a hacerle un 'paraguita'
al siguiente defensa lo note muy grande y gordo; También excesivamente
fuerte cuando pudo frenarme con tan solo tomarme de un brazo y
entonces logre voltear la cabeza para reconocer que era mi papá que me
decía: 'Pelao de mierda, no oyes que te vayas para la casa?'. Uy...
que tundas tan hijueputas las que me chupé y todo por esto, por esta
pasión, por este sentimiento que se metió en mi desde aquel día 21 de
Mayo cuando la partera le dijo a mi mamá que tuvo un varón.

Esta vaina no es gratis. Es el legado que a todo barranquillero nos
deja el fútbol. Son los días de entrenamiento bajo el inclemente sol
somnífero de las dos de la tarde y con el frenesí de los motores de
las fábricas y los pitos enloquecidos de los carros por la calle de
las vacas. Son las mismas vainas que a uno le pasan día por día por
imitar las atrapadas de Delmenico, la fuerza charrua de Comezaña, los
goles rápidos y fáciles de Lorea, la contorsión a dos metros del piso
de Converti, con la espalda mirando al arco, los brazos preparando la
aterrizada y la potencia zurda ensayando una chilena que incrusta la
pelota por el vértice superior derecho mientras mas de cincuenta mil
almas suspenden la actividad durante un par de segundos para
contemplar con ensoñación la finalización de una obra maestra, y darle
paso inmediato al júbilo que se apodera de todos. Al frenesí y la
alegría que retumba por todos los rincones del estadio recordándonos
que esa es nuestra razón de ser, que eso es lo que nos circula por las
venas, que esta mucho más adentro del corazón, que es la antiquísima y
neuronal pasión por eso que se llama fútbol, por eso que en el
diccionario barranquillero se resume en seis letras en rojo y blanco
intercalado, escritas con corazón: Junior.

Es diciembre y estamos comenzando o finalizando quincena. Ya casi
llega el avión de Cali trayéndonos esa esquiva estrella que ayer
ganamos. La estrella que nos quita el desazón de la espera, la que
podremos colocar en el escudo del Junior, al lado de la estrella
solitaria del 77 y que alumbrará mucho mas que los farolitos de los
siete de diciembre. Es la primera estrella para mí. Me siento feliz y
siento que todos estamos más cerca de Dios, que nos está dando estos
regalos en el mes de diciembre. Mi emoción es grande y siento que El
también está gozando, El también es barranquillero, El también es
juniorista... Si, Dios es barranquillero.

La gente comienza a correr atropelladamente y ya nadie respeta nada.
Los vigilantes son impotentes para contener a tanta gente en
arremetida. Las sirenas suenan y los pitos de los carros enloquecen y
el bullicio caribe continua a plenitud. Los bomberos se acomodan y yo
entiendo que se armó el mierdero, que llegó El Atlético Junior, que
llegó el campeón. Sálvese quien pueda, grita un flaco dientón que pasa
en veloz carrera por mi lado, mientras se agarra la cachucha y se
enrrumba hacia el aeropuerto. Si señor, sálvese quien pueda porque se
armó el corre que corre, y ya no sé donde están mis hermanos. Ahora es
alrrevés. Ahora se están devolviendo, vienen a toda carrera para
volver a pelearse los puestos cerca de la carretera para poder ver el
desfile con los jugadores. Nojoda, la gente es la verga, corren de
aquí para allá como gallina en patio ajeno.

Ahí vienen. Viene el carro de bomberos con una bandera que dice "Club
Atlético Junior, F.B.C. Campeón del Fútbol Colombiano en 1980". Siento
que se me pone la piel de gallina y veo a mas de uno llorando de la
dicha y la felicidad de que todo sea real y tenerlos ahí, tan
presentes, tan reales, tan cercanos. Arriba va Varacka con pantalón
gris y camisa blanca moviendo rítmicamente un pañuelo blanco, como
agradeciendo, como diciendo gracias Barranquilla. Esta Tutino, con la
cabeza blanca por la maizena, abrazándose con Delmenico. También están
Converti y Fernando Friorillo.

La gente se intenta subir a los carros y casi tumba a los músicos de
la papayera que están tocando el himno de la bacanidad, de la
sabrosura barranquillera: 'Atlántico'. Sigo buscando jugadores del
equipo en medio de tanta gente y entonces lo veo a él, a Armando, a mi
papá, con la camiseta verde y los pantalones cortos de color marrón.
Va enmaizenado, con una botella de Ron Blanco en una mano y un palo
para tocar el bombo en la otra. Va abrazando con Dulio Miranda y Ariel
Valenciano. Mi papa es la verga, pienso. Como se metería en esa
fiestica? Nojoda. no se pierde una. Oncho viene con los pelaos del
barrio y ahí si se me desbordó la emoción, ahí si me metí en la
cumbiamba. Viene 'Peyo', viene 'Chiqui', viene 'Moncho' y 'Cóndor'.
Ahí si se me olvidó 'El Iguano' y se me olvidaron los pisotones y los
empujones. ahí si se me olvido el coge-coge que se había armado porque
ya arrancó la recocha. Pongan música que voy a celebrar la segunda
estrella, la de Barranquilla, la de rojo y blanco, la de El Junior de
Barranquilla, que maravilla...

Oigo pitos de cumbiamba, flautas de miyo y tamboras, me pasan una fría
y en seguida un trago de Ron Blanco, comienzo a reír y saltar con
todos. De repente estoy en el centro de la ronda, estoy bailando salsa
y todos aplauden. Veo pasar un disfraz de la Danza del Torito cuando
noto que se me acerca alguien que no puedo ver porque me tapa los ojos
con un manotazo de Maizena. Me limpio la cara y sigo bailando y sigue
la cumbia y la flauta de miyo y sigue el jolgorio currambero y el jugo
de tamarindo que nos baña y la cerveza boladora que cae como sereno. Y
sigue la vida pasando y seguimos disfrutando en esta tierra que no
conoce la violencia, que sigue siendo un edén, que se nos prodiga toda
y sin restricciones, que no nos exige nada, ni siquiera que la amemos.
Sigo gozando en esta tierra que nos perdona todo, hasta que la
ignoremos y que hasta ingratos seamos. En esta tierra que nos ama con
un amor mucho mas perdurable que el amor de madre. A la que amamos y
hasta olvidar pretendemos muy a pesar de lo conscientes que somos, que
es la amante permanente de todo barranquillero, la tierra del fútbol
desde su cuna, la tierra de TU PAPA, del Atlético Junior, F.B.C., la
tierra del carnaval. De este carnaval que ya se esta armando, carajo.

Golpe de tambora. Respuesta del llamador. Flauta de miyo enloquecida.
Sonido de guacharacas. Mi tierra esta de fiesta. Me agacho un poco y
simulo agarrarme el pantalón abajo de la rodilla, extiendo el otro
brazo sosteniendo mi sombrero y bailo a pasos cortos y acompasados con
movimiento de caderas. Es la cumbia de mi tierra, la sampuesana, la
soledeña, la barranquillera. Retumban los tambores, hay frenesí total
y desbordante. Es de día y ya puedo ver la luna blanca, la luna
barranquillera. Enciendas las velas y los farolitos y pásame el mechón
para que alumbre. Nos vamos de amanecida, como en los días de la
Inmaculada, virgen bendita. Oncho está feliz. Yo siento la música que
me inspira mientras Barranquilla celebra...

Dedicado a la flaca Lisbeth, a Oncho y al combo gigante de la 27B, en
los Trupillos. La gente que vive la pasión del Junior cada domingo y
también la efervescencia de la resurrección futbolistica en carne
propia, cada minuto... Y para Armando, por supuesto!

Freddy Melo Acosta

freddyto_melo@yahoo.com
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